lunes, 27 de mayo de 2013

Despertador interno.
Sol contra la hibernación emocional.
Cura contra el invierno.
El verde ocular que siempre quise.
Playa de interior.
Reductor de miedo.
Manta de células cálidas.
Tejedor de la sonrisa propia.
Taquicardia reveladora.
Manual de explosiones primarias.
Hogar.
Calmante.
Incendio sin llamas.




(Tú en mí)

martes, 21 de mayo de 2013

Nuria Hemart

La belleza puede adoptar varias formas, esto es sabido (y manido). Lo que no es tan obvio es que no es fácil encontrar la belleza, y muy pocos poseen la habilidad de descubrir emociones sólidas y concretas más allá de lo aparente. Aquellos que han nacido con una brújula de lo bello son capaces de enfocar su mirada en aquello que es invisible para el que tiene deficiencia de sensibilidad, que suele ser la mayoría, y más aún, logran hacer brillar lo escondido y presentar lo que siempre ha estado allí como algo inédito, de manera que todo el que lo admira ya lo ha hecho antes pero no es consciente.
Por otro lado, y por encima de los afortunados que tienen el talento de encontrar, están aquellos, en menor número, que son creadores de belleza, y esto nos permite (en un acto de generosidad impagable) que esta materia prima tan necesaria pueda ser eterna y brillar entre la cada vez más numerosa mediocridad.

Nuria Hernández (Nuria Hemart) es una de estas excepciones creadoras. Con un talento y una sensibilidad extraordinaria logra transmitir emociones a través de sus ilustraciones, sus diseños y sus fotografías. Su trabajo, del cual expongo algunos ejemplos más abajo y que puede disfrutarse por completo en su web Nuria Hemart,  es el mejor testigo de su personalidad creadora de belleza, porque Nuria es belleza en si misma.


Colección Asphyxia. Diseño y fotografía de Nuria Hemart



Ilustración para uno de los diseños de la colección Asphyxia



Ilustración perteneciente a la serie Lifelineslifelies



Fotografía de la serie Epi-Hemera






Más belleza en http://nuriahemart.com





El cine es Freud más Lumière.

 Philippe Garrel

jueves, 9 de mayo de 2013

Educarse

El ser humano comienza a almacenar recuerdos alrededor de los tres años de edad. A los cuatro años me mudé a la que hoy es la casa de mis padres, pero aún conservo recuerdos del piso anterior, sobre todo de mi habitación con su alfombra de color azul teleñeco, pero en mi memoria a largo plazo ha quedado tatuado un elemento de ese refugio infantil que era mi cuarto de bebé; era algo que veía todas las noches antes de dormir, puesto que estaba colgado a los pies de mi cuna. Me gustaba más que mis peluches y mis juguetes, lo sentía parte de mí, y aunque lógicamente no pudiera leer lo que allí ponía, su imagen me ha acompañado hasta ahora. Hablo de este póster:


Eran finales de los años ochenta, y mi madre, maestra de profesión, había determinado educarme como la mujer del siglo XXI en la que me he convertido. Con este póster mostró toda una declaración de intenciones que ha cumplido con creces. Se preocupó porque leyera (de hecho, mi amor por la lectura y mi posterior vocación por la escritura fue contagiado por ella), porque aprendiera por mí misma, me inculcó el valor de no limitarme a estudiar lo que está establecido, sino a ir más allá y aumentar mis conocimientos por mi cuenta. 
Esta imagen de una niña directora de orquesta significa mucho más de lo que parece a simple vista, y esta misma imagen vigilando los sueños y el futuro de un bebé encierra un alcance aún mayor y decisivo.

Hoy 9 de mayo se ha convocado una huelga general de educación para evitar que las próximas generaciones sean adoctrinadas y criadas como borregos a la orden de un superior que los maneje como marionetas, para que no sean ciudadanos que no se plantean ni cuestionan absolutamente nada y obedecen como máquinas. Hay que luchar por hacer personas, no rebaños, por una calidad en algo tan indispensable para el desarrollo humano como es la educación, para que los niños de ahora, cuando sean adultos, sean capaces de entender cuándo algo va en contra de la lógica y su bienestar, cuándo les mienten y les engañan, y sean capaces de seguir luchando por una vida mejor, como están haciendo todos los que apoyan esta huelga. No se puede consentir limitar la educación, porque los niños de ahora también son hombres y mujeres del siglo XXI.